Alba Gutiérrez Alocén
Elías López de la Nieta Pérez
Jesús Díaz


Discurso de Manuel Azaña en el ayuntamiento de Barcelona


Nos encontramos aquí ante una fuente histórica primaria. El documento se dio a conocer de forma oral (es un fragmento de un discurso) pero asimismo fue publicado por la prensa de la época y posteriormente lo ha sido en otros formatos.imagesCAQWJN7A.jpg
El contexto histórico en el que se desarrolla la emisión de este discurso es la guerra civil. Concretamente, uno de los momentos críticos dentro de la misma. Por un lado, el bando nacional ganaba terreno al bando republicano y había divido los territorios que pertenecían a estos últimos (el levante español) en dos. Dada esta situación, en el bando republicano surgieron dos corrientes, la de aquellos que abogaban por la mediación y la búsqueda de la paz y la de los que defendían la resistencia y la defensa activa contra el bando nacional. Ambas corrientes tenían sus apoyos dentro del bando republicano y, en este momento, la figura de Manuel Azaña, emisor de este documento, había quedado relegada a un segundo plano ante otros personajes clave del bando republicano como Negrín o Indalecio Prieto. A parte de todo esto, durante la época en la que se emitió este discurso, el bando republicano estaba preparando la maniobra de contraataque que acabaría desembocando en la batalla del Ebro. Una maniobra pensada para volver a unir las zonas del bando republicano y acabar con la división que los nacionales habían hecho en sus territorios a la altura de Castellón.
Enmarcado en este contexto, el discurso de Manuel Azaña tiene una clara intención pacifista y conciliadora. De hecho, popularmente se conoce a este discurso con el nombre de “Paz, piedad y perdón”, las tres palabras con las que concluye el mismo y que son asimismo una evidente muestra de la intención conciliadora a la que anteriormente hice referencia. En este fragmento del discurso, Manuel Azaña habla de lo negativo de la guerra, de su deseo de que en el futuro se mire hacia ella para no volver a repetir algo así y de que, sea cual sea el vencedor, se imponga la lógica y la piedad y España pueda volver a la unidad. Es menester aclarar que durante la época en la que tuvo lugar el discurso, Julio de 1938, el bando republicano estaba en una situación que no está claramente determinada aunque se barajan dos posibles hipótesis. Por un lado, hay quienes creen que el continuo avance del bando nacional hacía ver que fuera como fuera, los republicanos iban a perder la guerra. En el caso de esta teoría, la intención del discurso de Azaña iría más allá de las intenciones pacifistas que saltan a primera vista y sería un intento de salvaguardar la propia integridad de los miembros del bando republicano una vez la guerra acabase. Por otro lado está los que creen que los republicanos seguían en ese momento albergando la esperanza de la victoria y no simplemente defendiéndose ante una inminente derrota. La preparación de la batalla del Ebro por parte del bando republicano puede responder, según su lectura, a ambos puntos de vista, aunque respalda casi más a este último. En caso de ser así, el discurso de Azaña tendría simplemente una intención pacifista y sería una llamada a la contención dando a entender lo incongruente de mantener la beligerancia una vez acabada una guerra de esta clase.
Este fue el único discurso de Manuel Azaña que se grabó y el último que dio, dos años antes de su muerte y habiendo quedado relegado, pese al cargo que aun mantenía en el bando republicano, a un segundo plano ante figuras más importantes para el desarrollo bélico que para el desarrollo político.