Jesús Díaz Blanco
Alba Gutiérrez Alocén
Elías López de la Nieta Pérez





Nos encontramos ante un texto de naturaleza política, que refleja en un primer apartado, la renuncia del trono Español por parte de Fernando VII a favor de su padre, Carlos IV de Borbón. En un segundo apartado, Carlos IV manifiesta también su renuncia del trono Español a favor del emperador Napoleón. Se trata, así mismo, de una fuente primaria de información.
Dichas abdicaciones se celebraron el cinco de mayo de 1808, en la ciudad francesa de Bayona, lugar al que ambos monarcas tuvieron que desplazarse bajo la presión de Napoleón, cuyo principal objetivo era acelerar forzosamente la renuncia de ambos monarcas al trono español, para así, cedérselo a su hermano, José Bonaparte, que gobernaría como José I.
Aparentemente, los autores de estas abdicaciones no son otros que Fernando VII y Carlos IV; pero, sin embargo, es evidente que, precisamente por la influencia que ejerce Napoleón sobre ambos monarcas y la presión en general sobre España, queda de manifiesto que el principal responsable, o mejor dicho, el autor de las abdicaciones no es más que el principal interesado, Napoleón.
El texto está dirigido a la nación española, con el objetivo de plasmar el cambio gubernamental
El texto está claramente dividido en dos partes: La primera parte, corresponde con la abdicación de Fernando VII a favor de su padre Carlos IV. El tono con el que cede el poder a su padre es muy forzado, además, teniendo en cuenta los antecedentes (Fernando obligo mediante el motín de Aranjuez a abdicar a Carlos IV), Fernando llevaba muy poco tiempo ocupando el trono cuando de repente, Napoleón le obligó a abdicar. Por este motivo, es muy poco probable que cediera el poder a su padre por voluntad propia, además, en todas las muestras de respeto y alago que muestra en el texto “para dar a Vuestra Majestad una prueba de mi amor, de mi obediencia y sumisión…” se percibe que lo hizo bajo la presión de Napoleón y no eran sus más anhelados deseos.
La segunda parte, corresponde con la abdicación de Carlos IV a favor de Napoleón. Carlos IV, cede a Napoleón los territorios de la Península ibérica y los territorios de las colonias americanas, alegando para justificarse, que es lo mejor para la felicidad de sus vasallos, y que todo está dirigido a conservar la paz, amistad y unión entre Francia y España. El texto finaliza con las condiciones propuestas por Carlos IV que Napoleón aceptaría, como son: la corona de las Españas e indias ha de ser siempre independiente e íntegra y la conservación de la religión católica, que debe ser la única vigente en el país frente otras, como puedan ser las religiones protestantes o el islam.
Una vez realizadas las abdicaciones, Napoleón puso a su hermano José Bonaparte, al frente del trono español, como José I (1808-1812). Numerosos ilustrados españoles vieron en la nueva situación política, una gran oportunidad para llevar a cabo las reformas liberales e ilustradas que fracasaron en el régimen anterior debido a la oposición de los sectores conservadores, principalmente la nobleza y el clero. Estos ilustrados que colaboraron con el reinado de José I, recibieron el nombre de afrancesados.
De esta forma, se iniciaba en España la guerra de la independencia, que perduró hasta la derrota del Imperio Napoleónico en Europa, en el año 1814.

El siglo XVIII en España, se caracteriza por cambios importantes: La casa de Austria, que había gobernado el trono del país desde el siglo XVI hasta el XVII, fue sustituida por la casa francesa de Borbón; España dejo de ser la principal potencia de Europa y pasó a situarse en un segundo plano, subordinada a los intereses de Francia. Se llevaron a cabo una serie de reformas internas con el objetivo de modernizar el país, que en un principio, mejoraron la situación respecto al régimen anterior, favoreciéndose notablemente la economía y la demografía. Además, llego a España una nueva corriente de pensamiento, la Ilustración, que también será un factor importante a la hora de la modernización del estado.
Pero a finales del siglo XVIII, los intentos reformistas no resultaron del todo satisfactorios, y el Estado se vio inmerso en una crisis, la economía entro en declive, afectando a su vez a la política y la sociedad. Pero el acontecimiento que marcó con fuerza la historia contemporánea de España a finales del siglo XVIII y principios del XIX, fue la revolución Francesa.
Luis XVI de Francia, fue ejecutado en la guillotina en 1793, lo que suscitó un gran temor en la mayoría de las monarquías de Europa, que declararon la guerra a la revolución, entre las que se sumó por supuesto, Carlos IV de España. La guerra que se produjo a partir de entonces entre España y Francia, conocida como guerra de Convección, se localizó en navarra, Cataluña y el país vasco.
En un principio pareció que las condiciones fueron favorables al ejército español, obteniendo algunas victorias bajo el mando del general Ricardos, pero a partir de 1794, la situación cambio para España. A raíz de la derrota del ejército enviado por Godoy, las tropas republicanas francesas ocuparon algunas zonas fronterizas y algunas ciudades importantes se rindieron ante la influencia francesa, como Figueres o San Sebastián –Donostias.
Finalmente, en 1795, la Francia revolucionaria y la España absolutista llegaron a un acuerdo de paz que duraría trece años, la llamada Paz de Basilea. Durante éste período, España colaboró con Francia en la lucha contra sus principales enemigos, Gran Bretaña y Portugal.
En 1807, se firmo el Tratado de Fontaibebleau, por Godoy y Napoleón, con el que se acordaba el reparto de los territorios de Portugal entre España y Francia. Pero sin embargo, los planes de Napoleón iban más allá del mero reparto, su intención era ocupar la península ibérica con el objetivo de crear un estado dependiente y cederle el trono a su hermano, José Bonaparte.
Una vez desveladas las intenciones de Napoleón, el primer ministro Godoy convenció a la familia real para que se trasladase a Sevilla, por si fuera necesario huir hacia los territorios de América. Esta actitud de Godoy decepcionó a muchos sectores de la Corte, considerando una rendición ante los intereses de Napoleón. Los sectores de la Corte opuestos a Godoy junto con el príncipe de Asturias, Fernando, instigaron un motín popular contra el primer ministro, que tuvo lugar en Aranjuez, en marzo de 1808, ocupando violentamente el palacio en el que residía Godoy.
Las consecuencias del motín fueron, además de la caída de Godoy, que el rey Carlos IV, viendo el éxito y las aclamaciones populares que obtuvo su hijo, se vio obligado a abdicar el trono en su favor. Finalmente, Fernando gobernó como Fernando VII de España, contando con la aprobación de Napoleón.
La nueva situación política se complicó el 2 de Mayo de 1808, momento en el que se produjo un alzamiento en Madrid por parte de aquellos que no estaban a favor del nuevo monarca. A partir de entonces, se constituyeron Juntas Provinciales de Defensa en todas las ciudades de España, cuyo principal objetivo era organizar un levantamiento militar en contra de las tropas francesas. Paralelamente, algunos sectores del ejército español, organizaron grupos para enfrentarse a las tropas invasoras.
Ante esta situación inestable, Napoleón aprovechó para acelerar el objetivo deseado. Convocó a ambos monarcas en la ciudad Francesa de Bayona, donde ambos se vieron forzados a abdicar a favor de su hermano José Bonaparte.
Una cuestión importante que cabría preguntarse es: el porqué Napoleón no arrebató directamente el trono a los Borbones en vez de organizar toda esta parafernalia. La respuesta quizás sea que, Napoleón no quiso presentarse ante los españoles como un invasor que se hace con el poder a la fuerza, sino más bien, como un nuevo gobernador al que le habían cedido los poderes del país voluntariamente.
Sin embargo, es incuestionable que a pesar de los planes de Napoleón y de los propios sectores que apoyaban su causa dentro de España, gran parte del fragor popular ya se había dejado sentir con fuerza y determinación tras los inolvidables sucesos que acaecieron el 2 y el 3 de Mayo, y que tan bien reflejaría Goya en dos de sus obras más representativas.